“Alocución de Samantha Fox a los estudiantes”, University of Leeds, 5 March 2010 (Fragmento).





(Tras un largo preliminar que desemboca justificadamente en la interpretación del éxito Don’t leave me with your boyfriend, cinco minutos inaudibles en los que parece estar dando las gracias).

Por lo que no hace falta decir que también agradezco ser hija de otra generación y no de la vuestra, para no verme obligada a recordar (dentro de una década) casi una década entera de frustración documental que os habrán proporcionado los instrumentos de aglomeración y de encuentro forzado, sancionadores silenciosos de clases, la fijación de las diferentes castas – política, editorial, humorística, plástica y purria- a que asistís.

Se seca algo el sudor. No me interrumpáis, por favor. La purria mosconea incansable alrededor de los jefes de casta de Facebook, acumulando un número de amigos (en la nueva y aprobada acepción del término) que puede llegar a cinco mil almas en pocos días, de los que tres mil pueden tener detrás a gente real en activo y otros dos millares se repartirían entre usuarios ya fallecidos y no detectados por el organismo higiénico Restbook y las diferentes personalidades dobles, alias y experimentos de prueba que habrán pasado durante los próximos diez años por verdadero pueblo electrónico, cuando su silencio o el carácter de sus intervenciones fake-poéticas hace mucho que debería haber conmovido uno u otro radar.

Samantha Fox nunca ha respirado, no respira. También por la naturaleza de sus plagios los reconoceréis, cuando el verbo comprimido –siempre la preocupación absoluta, por encima de todo, por encima de todos los padres y de todos los juramentos sobre padres del mundo, de no aburrir bajo ningún concepto-, la gracia entendida a medias por beber de una alusión discontinua, de un brote de genio de otro, no seguido hasta el final, no advertido con suficiente perspicacia como para apropiárselo verdaderamente. Y las reglas que se siguen de ello, entonces: la prédica. Facebook y prédica. Facebook y prédica en ocasiones seglar. Yorick, el barco como el hombre (el de Sterne). Las nuevas nociones, los nuevos sabores de una antigua noción están llegando por fin, estudiantes de Leeds. Guardad vuestras carteras, por favor, la primera corre de mi cuenta.

Yorick es un proveedor mucho menos temible y mucho menos (oh, menos, creedme, soy una estrella de la canción británica) temido que, por ejemplo el Walhalla o Skynet –quizás debería haber dicho reverenciado. Mirad el lector múltiple de actualizaciones de status: mil veintiséis usuarios están utilizando la palabra reverenciado y se cuelgan en este momento centenares de vídeos encontrados fiando al motor de búsqueda la palabra end, walhalla o skynet. Agotamos el medio en poco tiempo jugando a ser brillantes. Internet y éter, unión de dos alcoholes (“no mezclar” is slang for “don’t abuse”), etcétera. Con sus bromas conectivas, trampas dolorosas y fuentes de descubrimiento feroz de nuevos datos para ti y tu miseria y, más frecuentemente, constataciones casi automáticas y corroboradas por diversos enlaces de a qué casta perteneces. Users can’t be choosers, decís, estudiantes, y a dos instantes, a dos clicks de distancia, ya se ha formado un grupo de activismo fan o denuesto fan al que no seréis invitado como moderador.

Todo el mundo sabe que la fama es brujería moral o sintáctica, a estas alturas, y si Facebook no es sencillamente un dispositivo que cultiva cada personalidad real o bajo pseudónimo (todos somos iguales a sus ojos, creo), que fomenta el relieve de cada uno esperando (citaré una de mis canciones:

el momento de la siega/ o el día en que se cerrará/ con unos dentro y otros fuera)*,

confesaré no haber entendido nada. ¿No está suficientemente claro que un día quedarán dentro sólo una selección de usuarios? Que sean los salvados o los señalados por una falta, es lo de menos, estará entonces casi terminada una primera clasificación. Hace demasiado que deberíamos convenir en que la eventual Llamada a Capítulo, el Final, como queramos llamarlo, se llevará a cabo de la manera más práctica, que es informáticamente. Quien lo duda está del lado incorrecto en Facebook o tiene un pase secreto aún para muchos de nosotros, y por tanto sólo dice que lo duda. Podríamos detectar en sus jaculatorias de status (verdadero status, ahora) el ánimo del caballero que lucha solamente en los días bellos o el de la actriz de cine la mañana del día en que una obra maestra histórica que ha protagonizado se estrenará y terminará claramente con su anonimato: el convencimiento del –a lo mejor no salvado– del recuperado para siempre, agraciado con la posibilidad de ser reproducido una y otra vez.

La señorita Fox bebe agua.

Argos, el pobre, completamente disperso por tanta referencialidad -un malestar mucho más allá de lo que llaman lecturas desordenadas-, rodando en un barril porque lo han disfrazado o lo han confundido (gente mucho menos leída que tú, probablemente) con el atleta cínico (y el caso es que es el barril cínico, porque dentro puede ver el dibujo del recorrido de antiguas eyaculaciones que lo rodea), aunque en dos movimientos más, uno de traducción y otro de confusión, pero movimientos musculosos de lengua los dos, el barril se transforma en cañón obturado (los cuerpos no son tan dúctiles, ¿qué esperabais?). Ése es sólo un peligro, ése es el angst emocore -etiqueta que se encuentra igual en las referencias Pimpinela y Mahler-, ésa es la razón por la que seguiremos siendo durante algo más de tiempo la bufonesca sal de la tierra mientras nadie mira –estudiantes de Leeds: ya he dicho que nos clasificamos para nadie o para cuando llegue nadie, y es bonito saberlo –bonito etiqueta de la misma manera a un cachorro y a un crimen sí-cometido. Sin ironía-.



All is full of Jennifers, para acabar, y sin intención de ofender. Una actitud tan poco útil como depositar tus heces avanzando, dibujando una línea y no como los sabios defecan, disimulando el producto en un pequeño túmulo, en un solo rastro que no da direcciones o datos para la persecución positiva, una actitud así, digo, estudiantes, no es propia de vuestra juventud y me extraña.

El temible anonimato de la justicia se acerca, dicen unos. La delación o el bloqueo de amigos, decidid. Las listas negras a las que todos estamos invitados a contribuir mediante cuidadoso uso de wiki. ¿De qué os quejáis? You and 16 others like this. Podría ser una de mis canciones. Ya no habrá momento para cantar: de la celebración el grupo de fans pasa a modo velatorio, de la claque a la contratación on-line de plañideras. Las saetas que no serán cantadas no requerirán de talento ni andalucismos de la Razón Pura.

A la luz de la obligación, os digo todo esto.

¿Y si la sal de la tierra que refiere Mateo no es otra cosa que la tirosina cansada en la musculosa lengua? Ahí tenéis otro equívoco para un nuevo y virulento link: tired tirosine crystallization.

(Se oye un único aplauso y Samantha Fox es bloqueada en vuestro ‘facebook’).

_____________

*en mi disco ‘I wanna have some fun’, 1988*

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