Pynchon. Contra la coraza tibia (2).

¿Se le puede pedir cortesía, la más elemental cortesía? No sé cómo decirle adiós a Pynchon, pero no veo qué otra salida queda. ¿Le pediremos que ande entre sus fórmulas algo que suene a licitar, o que suene a un endurecimiento de las penas menor? ¿Que sea más considerado? Quien peor nos quiere nos enviará a preguntar a Bernhard sobre la amabilidad en el arte, por nombrar una sola esfinge no colaboradora. Pero seguramente la intención del que nos ocupa aquí es de ser menos inaccesible: entre las páginas 244-247 de El Arco Iris de gravedad (manejo la ed. de Tusquets de bolsillo, 2002) hay toda una sección de entrenamiento, ¿recordáis?, de preparación para la dificultad que se nos echará encima en cuanto avancemos algo más.

O así quiero leerlo yo. Es justo antes de que Peter Sachsa se ponga en contacto con Rathenau en una sesión de espiritismo (en la que el mensaje claro terminará siendo

Hablar de causa y efecto es historia secular, y la historia secular es una táctica diversionaria (…) ¿Cuál es la verdadera naturaleza de la síntesis? (…) ¿Cuál es la verdadera naturaleza del control?

, no está de más decirlo): yo leo (1) una promesa de premio a nuestro esfuerzo:

Ella trató de explicarle cómo es el nivel que se alcanza cuando uno está metido en ello de lleno; entonces el miedo, lo pierdes por completo, has superado el momento deslizándote perfectamente en sus metálicos surcos (…),

seguida de una falsa meseta de narración o posibilidad de la narración que se esfumará enseguida, aunque yo quiero ver ahí otra advertencia (2):

Éste era el tipo de reminiscencias propio de Franz; no incluían personas, sino formas de energía, abstracciones… (el autor sí utiliza, en cambio, las dos formas de notificación y las multiplica por la técnica del despiste).

El hecho es que se nos prepara para más exigencia.

Esto no pasa en La muerte de Virgilio –no hay dificultad progresiva- como no tiene obligación de hacerlo Pound en un poema o Valéry en su Monsieur Teste por la misma razón que Pound. ¿La Facilidad es para después de rendirse? Volveremos sobre esto luego.

Todos los proverbios para paranoicos nos son aplicados a medida que entramos en V o El Arco Iris. Cuando se habla de radiointerferencias, yo sé que Pynchon habla de mí, de mi incapacidad lectora. No hay un momento en sus novelas que deje de ser una apelación continua a qué clase de lector quiere Thomas Pynchon para sí mismo. Sí se dice quién es Pynchon (para poder decir qué clase de lector quiere). Cuando aparece la idea de una pintura que cristaliza en formas geométricas o la simple mención de la palabra coordenadas, sabemos que estamos viéndolo de cerca.

Adonde quiero llegar: esa clase de –ahora se oye mucho esta palabra- preaviso del desafío no es tan común. No se nos prepara para el culebreo épico de Virgilio transportado (sí, transportado, amigos) en una silla de mano por porteadores a las órdenes de Broch y, desde luego, no hay facilidad en Arno Schmidt,

me deslicé, con cansina elegancia, al estilo Dueño del Mundo, hacia la curva;a

por hablar de las limitaciones e impotencias propias (no me he rendido aún, descuidad). Desde luego, el autor duro no ha puesto demasiado a menudo una advertencia de piragüismo espiritual –muchas décadas antes de que se forjara siquiera la primera medalla de piragüismo espiritual, no hace falta decirlo- para facilitar nada. Y algo de negro instinto, declaro, habrá en ello.

Llegará quien se toma el aviso como una invitación al duelo, no estando esto tampoco fuera de lugar, porque el que no se conserven fotografías de Pynchon vomitando a los tibios no significa que Pynchon no vomite con gusto a los tibios (entre los que uno nunca puede estar del todo seguro de no contarse). ¡Bienaventurados los ofendidos! –siento adoptar este tono más de Samantha Fox que de Jeremías, pero se me perdonará por el bien que me hace y que nos hace a Fox y a mí mismo la profetización desde podio (¿no os recompensa ver lo radiante que se nos pone la cara con la ira? ¿es que no tenéis críos o empatía?)-, bienaventurados, digo, los ofendidos, porque la lectura óvida a terminado ya para ellos. Gloria.

__________________________

a. Arno Schmidt, Leviatán. Espejos negros, Minotauro, Barcelona, 2001, p.53.

b. diríjanse las albricias en cuanto al retoque de la fotografía del artículo a Alfonso Rodríguez Barrera:




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11 comentarios en “Pynchon. Contra la coraza tibia (2).

  1. Logan y Lory dijo:

    Quizá Pynchon lance el señuelo de su pretendido lector para ver precisamente como es su propio lector el que elige la forma de leerle. Ahí está el reto, no es que Pynchon determine el lector que desea, es que es él mismo el que va formando al lector a lo largo de su obra, para convertirlo en ese lector perfecto.Así le entendemos nosotros.Un abrazo.

  2. Cuaderno Célinegrado dijo:

    Esto es. De acuerdo hasta ahí con vosotros. Lo que quiero saber ahora es:- si a P. le importa algo que nos rindamos y abandonemos la lectura.- si P. quiere vencer (investigar qué sería una victoria para él).- si P. quiere ser vencido (leído hasta el final).Gracias como siempre por vuestros comentarios.

  3. Logan y Lory dijo:

    Suponemos que quiere vencer, en ese mano a mano con su lector, si bien, para él la victoria estará en mantenerle enganchado hasta el final, en cuyo caso no sería él el vencido sino el triunfador.Uf, es complicado meterse en la piel del escritor que utiliza ese laberinto de frases para observar como las desgrana su cobaya, en este caso, su lector.Saludos, de nuevo.

  4. Raquel G. dijo:

    Reconozco no haber leído aún el post, pero no me resisto a decir que anteayer mismo estuve viendo Husbands de Cassavetes. Me sorprende, por eso, que de pronto aparezca esta foto encabezando su blog.Estas coincidencias -además de alguna otra- son las que alimentan el impulso altruista de ayudar a los extraños a ponerse o quitarse el abrigo.Saludos.

  5. Cuaderno Célinegrado dijo:

    Creo que con esa fotografía se va redondeando más el sentido de este blog. La tenía en mente desde el principio… la escena de la conversación en los baños de 'Husbands' es un leit motiv de mi vida nocturna con los amigos, Raquel.

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