Corrigiendo Thomas Pynchon. Un escritor sin orificios


La cosa se hace en un bar de estudio perfectamente común; por desgracia no encontramos ninguno sin televisión, aunque descubrimos que a las correcciones tampoco les hace ningún mal el acompañamiento de música western julieandríaca. El trombón festivo marca las caídas de los caballos y la editora marca en rojo frases placenteras cuando no son otra cosa que frases placenteras. Digamos que detiene (intenta detener por su bien) al Llanero Solipsista.

A fiery horse with the speed of light, a cloud of dust, and a hearty “Hi-yo, Silver!”

El Llanero raya con un lápiz no demasiado lejos. Algunos garabatos llevan signos exclamativos y otros no necesitan puntuación porque el grosor o el sentido del trazo ya proporcionan suficiente sintaxis a Volland. El caso es que en el libro que revisamos ya se preveía esta reunión final para fijar el texto:

«La kermesse, la fiesta sorpresa, se celebra en este hematoma pálido. Aquí esperamos a Thomas Pynchon, en el papel, en el color de hueso. Nuestras tropas con el estandarte vacío […]» (página 15 en el manuscrito).

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