Renacimiento negro

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«Tiberio poseía una serpiente doméstica y domesticada; él mismo la alimentaba. Resulta difícil saber si lo que pretendía era engordar el falo, la muerte o algún juguete exótico. Era supersticioso e hipocondríaco hasta la médula, como todo hombre cínico situado más allá o más acá de las religiones: se burlaba del Olimpo, pero se desmayaba al ver su propia sombra. ¿Qué opinaba sobre esos caballos del derby de Ascot que se ponían a galopar rumbo a la meta en memoria de la muerte de Patroclo? En Rodas, ser griego significaba para él lo siguiente: misterio y sofisma, supersticiones y mentiras insulares para el cerebro. Eos con alas angelicales y con el cadáver de Memnón. Tiberio sólo había visto esos bucles medio egipcios, medio asirios en una moneda de Otón.»

(Renacimiento negro; Miklós Szentkuthy; Ediciones Siruela 2007, Madrid; traducción de Adan Kovacsics)

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